viernes, 28 de diciembre de 2018

Bienvenida

Hace dos años dejé de escribir en el blog. Ahora que he vuelto por un viejo poema, para reciclar, algo recitó dentro de mi: mujer, ¿qué pasó con la creatividad? ¿ya la olvidaste o ella te olvidó a vos?

Se pudiera recitarle a mi musa adormitada algo ahora, le recitaría nombres. Los nombres de los hombres en los que la fui depositando, por los que la fui sustituyendo, olvidando.

Oscar, del último que te hablé. Del que nos dimos tiempo para conversar. Erik, el extranjero. Te abandoné con Sergio, él fue bueno. Eduardo, Sebastián, fue al revés, Sebastián llegó primero. Piero, no se si vale la pena mencionarlo. Olvidé los nombres de los que hicieron fila de por medio. Raúl. Nuevamente otro Erick, con menos suerte que el primero. René, el cuento se empezaba a poner bueno, me destruí en él.

Y finalmente, el que me trajo de la mano hasta tí de nuevo, Pablo. Que belleza es verse en los ojos de Pablo. Azules con el mar de fondo, verdes si está de espalda a las palmeras y, grises si esta contra el ocaso. Ojos caprichosos y que hermoso mirarse en su reflejo, hasta el fondo.

Cuando me mira desde abajo, desde el interior de su auto, a plena luz del día, tan intensos, tan celestes. Cuando me mira en la noche, buscándome en silencio sobre la taza con chocolate, con sus ojos de gato. Cuando me mira desde el amor, con sus ojos fijos, clavados en los míos, y se sonríe y me dice "te quiero".

La primera vez que tomo mis manos, la primera vez que nos vimos. El primer beso, intermitente por mi mejilla, hasta frenar en mis labios. La primera vez que me hizo el amor...

Su abrazo cálido por detrás de mi cuerpo, colocando su cabeza sobre mi hombro. Su mágica manera de acariciarme sin fastidiarme.

Vengo a tí, a contarte de Pablo. Porque necesitó que tú lo guardes para siempre, que lo recuerdes. Porque yo ya no podré tenerlo más conmigo, ni llevarlo conmigo. Y sé que tú, lo guardaras mejor, con el cariño que él merece, que merece su recuerdo. Nuestra primera cita, de playa. Nuestro viaje a Ataco, nuestra única fotografía juntos. Nuestras conversaciones en el parque. Nuestros "buenos días". Nuestra horrenda música de viaje.

Falta algo, espera.
Debes recordarme porque debes guardarme a Pablo. Porque por algo lo traigo a ti y no lo llevaré conmigo.

Por aquella tercera cita, con blazer, que jamás se cumplió. Porque jamás podía o tenía tiempo para mis solicitudes sorpresivas para vernos. Porque no me acompañó a llevar el auto al taller, así como tampoco cumplió su ofrecimiento de llevarme y traerme al trabajo mientras no tenía el auto, ni siquiera preguntó como haría.

Por ese regalo que jamás llegó, por los poemas que me leyó las primeras dos semanas y luego jamás volvieron. Por la carta que no escribió, y por la que le dí y no volvió a leer. Por la vez que canceló nuestra cita de domingo un día antes, para salir con sus amigos. Y porque esta noche, volvió a cometer el mismo error. Porque si se presentaba algo mejor, más divertido, yo podía esperar. Porque prefirió salir con sus amigos de improvisto, antes que acompañarme un rato a ese cumpleaños. Porque se termina las palomitas de maíz y no me deja, y también porque odia mezclar las dulces con las saladas. Porque soy la que paga las entradas al cine, a películas que él desea ver, y las películas que yo quiero pueden esperar.

Porque la lista se fue llenando de detalles que para mí si eran importantes. Porque fuimos hasta Ataco, para no ver nada. Para encerrarnos durante horas en la habitación. Porque quiso regresar temprano, sin preguntarme que deseaba yo. Porque para Navidad fue el primero en escribir, pero no pasó de dos palabras mientras yo tenía atoradas en la garganta tantas ganas de decirle que me estaba cansando de ser siempre en la lista de sus prioridades aquel 6 ó 7.

Porque me desgasté. Me desgasté en sus labios tan rápido.
Porque el 25 de diciembre ni siquiera me dio los "buenos días" y luego me echó en cara que yo debí haberlo hecho.

Porque después de hacer el amor, no me abrazaba con cariño. Se quedaba a mi lado, si. Pero de inmediato buscaba el control del televisor para encenderlo, para apagarlo, para cambiar los canales. Porque duerme con ruido.

Me fui quedando atrás. Y ahora, tú debes recordarlo.

Bienvenida, creatividad. Amiga entre poemas mal escritos en verso.