Esta tristeza que pesa...
que es densa y flexible, para acomodarse a mi espalda.
Esta esperanza marchita, putrefacta.
Y me grito con rabia "que fácil de querer es este cabrón..." (Y me duele en los ojos, me duele en la panza, en las noches que se hacen tan largas. Me duele en los recuerdos, en las conversaciones pasajeras, en el despertar, en el ruido, en el silencio inquieto que ya no sabe que hacer sin vos. Me duele en los pies, en la prisa y la risa, en la indecisión. Me duele en ese camanance izquierdo que se quedo prendido en mi dedo).
Se hace tan prolongada esa espera.
Yo que ya me iba acostumbrando a estar así, sin extraños, sin llamadas, sin finales y comienzos felices. Sin fines de semana acompañados, sin cine, sin teatro, sin música compartidos.
Estas en las palabras no dichas. En los ojos que van a doler.
martes, 24 de noviembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
(traficante)
Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra
mi pájaro carpintero serpiente emplumada
(...)
De la mujer al hombre
Dios te hizo hombre para mí.
Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.
Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras
Mi mente esta covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.
-Gioconda Belli
domingo, 15 de noviembre de 2015
Boreal
Debe haber una manera de entrar.
Un método para quebrar esa coraza sin dañar.
No había conocido rincón más cálido
para aguardar y descansar mi cuerpo,
que la tibia superficie de tu espalda...
tus hombros, para apoyar mi cabeza.
La textura y el color de tu piel,
de cada detalle me voy encantando...
El sonido de tus manos raspando tu barba,
el rojizo color que tiene a contraluz,
enmarcando tu rostro en boreales...
tu mirada tranquila, tu olor neutro.
Y el bendito camanance izquierdo,
donde se ajusta perfectamente la yema de mi meñique.
(36)
Un método para quebrar esa coraza sin dañar.
No había conocido rincón más cálido
para aguardar y descansar mi cuerpo,
que la tibia superficie de tu espalda...
tus hombros, para apoyar mi cabeza.
La textura y el color de tu piel,
de cada detalle me voy encantando...
El sonido de tus manos raspando tu barba,
el rojizo color que tiene a contraluz,
enmarcando tu rostro en boreales...
tu mirada tranquila, tu olor neutro.
Y el bendito camanance izquierdo,
donde se ajusta perfectamente la yema de mi meñique.
viernes, 13 de noviembre de 2015
En tus manos
"Esto es amor, quien lo probó, lo sabe"
(Lope de Vega)
Claro,
como el color de tu voz, como el color de tu piel.
Estoy con el corazón atravesado por besos lejanos,
besos imaginarios, besos que se desean...
que viajan y se encuentran
de tu mirada a mi boca, de mi mirada a tu boca
sin estallar.
(Sushi)
lunes, 9 de noviembre de 2015
Amapola
Me gustan tus ojos entrecerrados, el camanance de tu mejilla izquierda.
Te soñé en misa.
Te soñé puntual, y te soñé con esa camisa a cuadros (que puesta en vos, seguramente amaría más).
Me viste entrar y pronto te corriste para hacerme un espacio más amplio a tu lado, y yo pase de largo. No por ignorarte sino por seguir a mis pies. Mi alma completa se sentó a tu lado, y mis alegrías se hicieron nudo atándome de manos. No dejé de verte ni un solo instante, vos colgado de mis ojos, como sujetos por un vínculo invisible que era atravesado por cientos de otras miradas.
Me senté detrás. A un costado.
Te vi inclinar tu cuerpo en gesto de oración, y tu mirada hizo un puente para volver a sujetarse de la mía. Sonreí.
Te soñé y sonreíste.
Todas mis ganas se habían puesto de pie en plena misa, y corrieron a sentarse a tu lado. Sacudiendo la banca, alejando todo lo que impedía su paso. Hasta sentir el calor de tu antebrazo junto al mío.
Me gusta cuando estás tan despierto.
Y me gusta cuando te sueño.
Te soñé en misa.
Te soñé puntual, y te soñé con esa camisa a cuadros (que puesta en vos, seguramente amaría más).
Me viste entrar y pronto te corriste para hacerme un espacio más amplio a tu lado, y yo pase de largo. No por ignorarte sino por seguir a mis pies. Mi alma completa se sentó a tu lado, y mis alegrías se hicieron nudo atándome de manos. No dejé de verte ni un solo instante, vos colgado de mis ojos, como sujetos por un vínculo invisible que era atravesado por cientos de otras miradas.
Me senté detrás. A un costado.
Te vi inclinar tu cuerpo en gesto de oración, y tu mirada hizo un puente para volver a sujetarse de la mía. Sonreí.
Te soñé y sonreíste.
Todas mis ganas se habían puesto de pie en plena misa, y corrieron a sentarse a tu lado. Sacudiendo la banca, alejando todo lo que impedía su paso. Hasta sentir el calor de tu antebrazo junto al mío.
Me gusta cuando estás tan despierto.
Y me gusta cuando te sueño.
(traficante)
Y el pan nuestro
Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado
Sólo conozco
la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar
nuestro.
Juan Carlos Onetti -
(Teatro)
viernes, 6 de noviembre de 2015
Descubrí un mundo nuevo.
Un mundo discreto, intelectual, lógico, espontáneo. Un mundo estable, de sueños y anhelos humanos, pero también de confianza forjada.
Un mundo para cultivar, para construir... para cosechar y habitar.
De piel clara, de ojos risueños, sonrisa con un hoyuelo al lado izquierdo. Un mundo que me interroga, pero no juzga, que me escucha, que se inventa tiempos donde no hay, espacios que no existieron. Caminos nuevos para mis pies.
Un mundo con nombre. Con rostro.
Un mundo que quisiera sólo mío (porque soy egoísta)
(traficante)
22
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
(Pablo Neruda)
(Malacrianza).



