Un método para quebrar esa coraza sin dañar.
No había conocido rincón más cálido
para aguardar y descansar mi cuerpo,
que la tibia superficie de tu espalda...
tus hombros, para apoyar mi cabeza.
La textura y el color de tu piel,
de cada detalle me voy encantando...
El sonido de tus manos raspando tu barba,
el rojizo color que tiene a contraluz,
enmarcando tu rostro en boreales...
tu mirada tranquila, tu olor neutro.
Y el bendito camanance izquierdo,
donde se ajusta perfectamente la yema de mi meñique.

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