lunes, 30 de mayo de 2016

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos: Viajemos

I Sueño

Vos y yo. Sentados en un pórtico de aquellos que tienen esas viejas casas desiertas, al centro de la nada. Columpiándonos, como dejándonos ir.

Podíamos ver un lago congelado. Podíamos tocarlo con los pies.

Empecé haciendo grandes movimientos circulares con mis pies, removiendo las huellas blancas producto de la condensación. Iban borrándose despacio, como un velo se va removiendo, descubriendo ante mis ojos un universo completo, perfecto. Tan perfecto que me era imposible definir si era un cielo de estrellas y planetas reflejándose sobre la escarcha, o si era un cielo atrapado dentro de aquel lago. Mi corazón se emocionó, y pensé en lo primero en que pienso cuando he descubierto algo hermoso, algo nuevo, algo único. Cuando mi corazón se pone contento, pienso en vos, en tu sonrisa que responde a todas mis diligencias.

Y te busqué a mi lado. Estabas removiendo con pies y manos, las manchas por tu lado. Habías descubierto bajo tu cielo y dentro de tu lago, un cardumen, o mil. Eran millones de especies circulando por todas partes, unos de movimientos ligeros, otros más lentos y graciosos, otros parecían sólo flotar ahí, quietos. Y sin pensarlo deslicé mi mano tan cerca de tu espacio, uniendo ambos universos.

Eran peces que flotaban, volaban, nadaban y fluían dentro de aquel universo de cuerpos celestes brillantes y fosforescentes. Creamos un mundo hermoso, nuestro. Donde convergemos.

Y desperté sin tus peces, y sin mis estrellas.







































[Los mismos sueños circundantes, una y otra vez. Como un programa en repetición. Y casualmente te gusta callarme, con aquella sonrisa breve que al desvanecerse me roba el diminuto brillo de tu mirada. Son como canicas esos ojos tuyos, tan fríos la mayor parte del tiempo, casi carentes de alma.] 


II Sueño

Cuantas veces te he narrado aquel cuento. Citando lo más fielmente posible las frases y recuerdos, parafraseando. "Ojos de perro azul" de García Márquez. Y vos sólo te quedas como escuchando, pero sin saber si estas escuchando o sólo oyendo.

Soñé con vos despacito. Vos corriendo a orillas de aquella costa (del litoral). Un paisaje mustio, cansado (como los de García Márquez), y vos ahí, como pintado con un brochazo de un solo color (que no se describir).

Te adentraste  de pronto al mar, sin que el agua te pasara de las rodillas. Y mi supe ahí. No mirándote por verte, estaba para grabarte (como en la Nat Geo). Te grité "¿que hacés?", parecías ausente (como casi siempre), y contestaste "...matando estos murciélagos".

Ahora tendré que ir por el mundo ahí, escribiendo en todas partes, por muros y escaparates, en todas las ciudades del mundo... "Matando murciélagos". Hasta encontrarte.





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