Yo no vengo a dejar nada.
Cada trocito de todo,
se lo fue comiendo el cansancio,
se lo desayuno el pasado...
el tiempo maldito y amargo,
que como fiera a la presa, no perdona.
Cada palabra envuelta en saliva,
se quedo a secas entre la lengua y el paladar.
Sin Sabor, sin ganas.
Yo no puedo entregar nada.
Lo que tuve, ya fue,
lo que dí, ya fue.
Lo que fui.
Yo no vengo a ofrecer ningún corazón,
no vengo a pedir uno tampoco.
Pues me queda claro:
con este hueco en el pecho,
se vive muy bien, se vive mejor.
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