Te invito a recoger lluvia con nuestras manos...
tu mano junto a la mía
(no arriba, no abajo, una junto a la otra... las cuatro).
Vamos a cosechar anhelos, viajes y brisa,
con tantito de misterio (del que te gusta),
con paciencia y dedicación.
Te propongo una salida.
Mientras vas pensando donde vamos a cenar.
Un ritual a diario,
no por rutina, si no por necesidad.
Una necesidad generada,
pero a fin de cuentas necesaria.
Te pido expediciones, geografías e historias,
de peregrinos cruzando tus hombros...
los peregrinos que me trajeron a vos.

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