Por ahora, sos sólo un amigo.
Pero estoy que me revienta el pecho, de tantas ganas. Ganas de abrazarte con toda mi alma, con todos mis miedos y mis paranoias, con todos mis viajes, mis cuentos y mi intelecto.
Cuando te acurrucás sobre tus brazos cruzados apoyados sobre la mesa, ese camanance que tenés en la mejilla izquierda (el otro a penas y se nota), me provocas tanta ternura, tanta nostalgia. Tengo temores liberados y alegría acumulada.
Vibra mi teléfono y brinca mi corazón, leer tu nombre es como tenerlo entre mis dedos, tangible. Y me siento llena por unos segundos, minutos, horas, días...
Por algo se empieza.

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