domingo, 3 de julio de 2016

Sangrando

Bordaste mi corazón con tu voz, con tus silos y máquinas.
A primera vista, sin siquiera conocer mi intención, transformaste el amor que un día di y lo volviste tuyo, lo empujaste hacia mí lleno de gracias.

Tomaste tanto dolor, a centímetros de mí. Reconstruyéndolo todo.
Nada tenía para ofrecer, mas que el alma sin reproches, al desnudo, sin armaduras (tan mía, tan inmensamente mía). Me rendí ante tu trato, y me entregue nuevamente sin medida, sin límite alguno. Como un herido en guerra, que se ofrece al frente de una batalla final y decisiva. Me entregué a vos.
Sin saber siquiera, que me hizo abrir así... mis miedos, mis piernas, mi calendario, las cuatro puertas sagradas de mi santuario.

Cada uno da, lo que recibe. Di esperanza, di calor.
Y con tanta fuerza y coraje, lleno de tremendo descuido. Dejaste caer mi corazón de la mesa, rondando por el suelo... Mutilaste mi alma, décima a décima.

No pude ser la gota, música en el cantaro...
No supe ser la paz, la hondura que no ahoga, la risa que perdura, la confianza que entrega. 


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